• Flor Palumbo

Sufrimos por lo que nos creemos

“Un pensamiento es inofensivo, a menos que lo creamos”.


Hay una frase que conocí a través del gran Borja Vilaseca y resume el concepto que me gustaría compartirles hoy.


“La realidad es mucho más amable que las historias que contamos acerca de ella”.

Byron Katie.


La gran parte de las veces que sentimos que sufrimos, sufrimos por cosas que aún no pasaron. Nos contamos las peores historias con lo más tristes finales, y podemos sentir en el cuerpo como va creciendo la angustia, la soledad, el dolor, el miedo, la ira o cualquier otro sentimiento oscuro, a medida que avanzan los capítulos que mi propia mente está escribiendo.


“Lo único real en nuestras vidas es este momento”, dice Borja.


Todo el sufrimiento que experimentamos está en la mente, ahí está la raíz. Y si te ponés a revisar tus momentos más difíciles, o cualquier día de tu vida, te vas a dar cuenta que generaste pensamientos que te hicieron sufrir poquito, y pensamientos que te condenaron al dolor de panza crónico durante tiempos largos y constantes. A pesar de la intensidad de cada uno, siempre les creíste, te convertiste en su rehén.

No controlamos nada en nuestra vida, no sabemos qué va a pasar ciertamente mañana, o dentro de 10 minutos, entonces entender que lo que sucede en la mente es improbable que se mude a la realidad, nos puede ayudar a relajar la tensión inminente que provocan los malos pensamientos.


Vivir el momento presente ES la forma de cortar la perturbación mental con la que nos acostumbramos a convivir.

Otro punto importante es corrernos y dedicarnos a observar la mente, y a cuestionar esos pensamientos, no creerlos sin más, como si fueran lo que va a pasar. Los pensamientos son ilusorios, no están compuestos de realidad.


Que suframos a cuenta no va a cambiar nada. Sufrir es inútil.

Entonces, dediquémonos a hacer el ejercicio de vivir el ahora, que es lo único que tenemos, y a cuestionar y alejarnos de las historias que nosotros mismos nos dedicamos a crear.


No creerlas, dejarlas ir.

Y a vivir que para eso estamos acá.