• Flor Palumbo

El riesgo más grande, es no tomar ninguno.

A medida que escucho más historias, confirmo que muchos de los sueños que quedan en el cajón de lo que nunca hicimos tiene que ver con que no nos animamos a tomar riesgos.

Tomar riesgos nos da miedo, salimos de la posición de victima cómoda receptora de "lo que le toca", para convertirnos en protagonistas de aquello que solo depende de nosotras: nuestra vida.

Sabemos lo que queremos, pero no estamos dispuestas a dar de nosotras lo que consideramos que no tenemos. Solo por pensar de manera equivocada, sobre eso que creemos ser, y que por supuesto, suele ser la versión reducida de lo que de verdad somos.

Sin dar tanta vuelta de palabra, el titulo de este texto es, en mi opinión, el resumen de miles de historias que están siendo vividas en blanco y negro. Miles de personas que están "mas o menos" bien con su vida, que saben que podrían estar mejor, pero que el riesgo que implica moverse de su metro conocido, hace que se resignen a lo que tienen. Y pierden. Pierden su capacidad de explotar sus mejores rincones, pierde sueños, deseos, momentos y hasta la posibilidad de incorporar nuevas personas invaluables a su vida. Pierden el entusiasmo, se los va comiendo la rutina, los horarios y las responsabilidades. Pierden sus familias, amigos y amores por sólo conocer la versión limitada de alguien que tiene infinitos talentos bajo las capas del miedo interno.


En línea con esto pienso en esta frase: "Podemos perdonar fácilmente a un niño que le tiene miedo a la oscuridad, la verdadera tragedia de la vida es cuando un adulto le tiene miedo a la luz"- Platón


Tenerle miedo a la luz. Es no tomar riesgos.